
Sandra, ¿cómo empezó todo? ¿Cuál fue el primer tatuaje que hiciste?
Sandra: Fue un escarabajo ciervo en una espinilla. En mi sofá de Londres, donde vivía entonces.
Menudos inicios…
Sandra: (Risas) Sí, fue genial. Era el batería de una banda, para la que diseñé todo el material gráfico. El fue quien compró la máquina de tatuar y la trajo al piso compartido. Quería aprender a tatuar, pero no le salía bien. A mí me fue mucho mejor, y así me convertí en la tatuadora del piso compartido.